Wig Wamania – Planeta Rock [ar]
100 % - Pedazo de disco hicieron estos noruegos. ¿Quién los conoce? Seguramente, más de uno se lo debe estar pregutando. Realmente esto no importa cuando la oferta de su segundo álbum, “Wig Wamania”, presenta tan tremenda colección de canciones. Cuando desde nuestro medio de comunicación nos topamos con este tipo de bandas (y producciones) que son ignotas en nuestro medio, nos llena el pecho de hidalgía y sobre todo de esperanza, por saber que más allá de las corporaciones y las benditas modas que impone el mercado, éxiste otra música y por cierto, muy buena.
Lo de Wig Wam es sencillo (es demoledor), aunque es más facíl decirlo que hacerlo, porque en definitiva muchos consagrados fracasan en el intento de crear un disco de tal estirpe. Se podría definir como una conjunción de elmentos entre el rock & roll más crudo, el hard rock más festivo de Van Halen y sobre todo de Kiss, y un gran guitarrista, es más, me atrevería a catalogarlo como un nuevo heroé de la guitarra. Precisamente en el guitarrista, Trond Holter, quien se luce tanto en cada riff, arreglo y solo, como en el carismático cantante, Aage Oteen, tan versátil como bueno, recaen los roles protagónicos de este circo titulado “Wig Wamania”. Resulta muy peculiar el valor que toma en Wig Wam la estética. Es cierto que en toda banda de rock la imagen es muy importante, pero lo del cuarteto noruego llega a extremos casi indescriptibles. Deviene en mucho glamour, con maquillaje incluido, al estilo Posion ó los primeros Motley Crüe, y un vestuario que rememora la ambigüedad de Village People y la desfachatez de Twisted Sister.
Dejando a un lado las banalidades de la vestimenta, el plano musical sobre el cual se enfoca Wig Wam es muy sólido. Las canciones deambulan dentro de los amplios parámetros del rock, aunque con un definido sello característico. “Rock My Ride” y “Gonna Get You Someday “ son dos cortes arrasadores, los más entradores del álbum, dos verdaderos himnos del hard rock moderno. La esencia del rock & roll, al estilo de lo que también hacen los ingleses The Darkness, fluye con las refulgentes “Kill My Rock 'N' Roll”, “A R 'N' R Girl Like You” y “Can't Get Her (Out Of My Bed)”. Mientras que en el ámbito de las baladas, se destaca la pasional “At The End Of The Day“, muy en el estilo de las clásicas power baladas de los años ’80. Aunque con un detalle, un sobrebio arreglo en los coros, lo que la hace aún mejor. En plan medio tiempo, se destaca la contagiosa “Slave To Your Love”, y, al final de del disco aparece enlistada “Breaking All The Rules”, una parodia a la rudeza y al metamensaje del heavy metal. Coros potentes y alaridos hiper agudos simulan las caracteristicas principales de las estereotipadas canciones de metal cásico.
Con respecto a la primera producción discografica, “667 - The Neightboor Of The Beast” (2004), la diferencia radica en que las nuevas composiciones se centran de manera directa en el rock & roll, dejando levemente resagado ese toque pop rock que poseían los estribillos y algunos arreglos de su debut. Al escuchar una y otra vez “Wig Wamania”, cada vez estoy más convencido que el éxito de Wig Wam (hasta ahora) fue volver a la esencia del asunto. Tomar al hard rock como una expresión musical que no posee prejuicios. Su música festiva repleta de rock, hasta su imagen extravagante, y el talento de unos músicos que no temen sambullirse en las aguas turbias del ridículo para extraer de cada canción lo mejor, hacen de ésta, una gran banda.
No pretendo caer en la adulación barata, pero la frescura de Wig Wam hace que quien los oye renueve sus esperanzas para con el hard rock. Su primer álbum podía haber sido una causalidad, pero si éste segundo trabajo es tan bueno como aquel, habrá que tomarlos muy en serio. Queda en uds. descubrir una buena (nueva) banda o no. Lo que les puedo asegurar es que gracias a Wig Wam (y algunas bandas más) el hard rock nunca morirá.
Review: Ariel Papalardo - Planeta Rock
Lo de Wig Wam es sencillo (es demoledor), aunque es más facíl decirlo que hacerlo, porque en definitiva muchos consagrados fracasan en el intento de crear un disco de tal estirpe. Se podría definir como una conjunción de elmentos entre el rock & roll más crudo, el hard rock más festivo de Van Halen y sobre todo de Kiss, y un gran guitarrista, es más, me atrevería a catalogarlo como un nuevo heroé de la guitarra. Precisamente en el guitarrista, Trond Holter, quien se luce tanto en cada riff, arreglo y solo, como en el carismático cantante, Aage Oteen, tan versátil como bueno, recaen los roles protagónicos de este circo titulado “Wig Wamania”. Resulta muy peculiar el valor que toma en Wig Wam la estética. Es cierto que en toda banda de rock la imagen es muy importante, pero lo del cuarteto noruego llega a extremos casi indescriptibles. Deviene en mucho glamour, con maquillaje incluido, al estilo Posion ó los primeros Motley Crüe, y un vestuario que rememora la ambigüedad de Village People y la desfachatez de Twisted Sister.
Dejando a un lado las banalidades de la vestimenta, el plano musical sobre el cual se enfoca Wig Wam es muy sólido. Las canciones deambulan dentro de los amplios parámetros del rock, aunque con un definido sello característico. “Rock My Ride” y “Gonna Get You Someday “ son dos cortes arrasadores, los más entradores del álbum, dos verdaderos himnos del hard rock moderno. La esencia del rock & roll, al estilo de lo que también hacen los ingleses The Darkness, fluye con las refulgentes “Kill My Rock 'N' Roll”, “A R 'N' R Girl Like You” y “Can't Get Her (Out Of My Bed)”. Mientras que en el ámbito de las baladas, se destaca la pasional “At The End Of The Day“, muy en el estilo de las clásicas power baladas de los años ’80. Aunque con un detalle, un sobrebio arreglo en los coros, lo que la hace aún mejor. En plan medio tiempo, se destaca la contagiosa “Slave To Your Love”, y, al final de del disco aparece enlistada “Breaking All The Rules”, una parodia a la rudeza y al metamensaje del heavy metal. Coros potentes y alaridos hiper agudos simulan las caracteristicas principales de las estereotipadas canciones de metal cásico.
Con respecto a la primera producción discografica, “667 - The Neightboor Of The Beast” (2004), la diferencia radica en que las nuevas composiciones se centran de manera directa en el rock & roll, dejando levemente resagado ese toque pop rock que poseían los estribillos y algunos arreglos de su debut. Al escuchar una y otra vez “Wig Wamania”, cada vez estoy más convencido que el éxito de Wig Wam (hasta ahora) fue volver a la esencia del asunto. Tomar al hard rock como una expresión musical que no posee prejuicios. Su música festiva repleta de rock, hasta su imagen extravagante, y el talento de unos músicos que no temen sambullirse en las aguas turbias del ridículo para extraer de cada canción lo mejor, hacen de ésta, una gran banda.
No pretendo caer en la adulación barata, pero la frescura de Wig Wam hace que quien los oye renueve sus esperanzas para con el hard rock. Su primer álbum podía haber sido una causalidad, pero si éste segundo trabajo es tan bueno como aquel, habrá que tomarlos muy en serio. Queda en uds. descubrir una buena (nueva) banda o no. Lo que les puedo asegurar es que gracias a Wig Wam (y algunas bandas más) el hard rock nunca morirá.
Review: Ariel Papalardo - Planeta Rock







